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©Sonia Jiménez Tirado

Carta de Amor


En tus manos mi confesión prisionera libre al fin. He conseguido desperezar mi alma y darle
rienda suelta en estás lineas que me convierten en cautivo de mi sentir por ti, de mi querer desordenado.
Y es que amor, te sueño en cada sueño, te busco allí en donde quisiera encontrarte y te siento, aún estando lejos, a cada instante, como el aire que acaricia mi cara y me devuelve caprichoso tu aroma envuelto en recuerdos.
Eres tú, quien me hace esbozar cada sonrisa, quien promueve la felicidad de mis días, quien acompaña a mi corazón en su continuo latir, ahora silencioso porque tú no estás. Creo amor, que la primera vez que te vi, ya te amé. Recuerdo aquel momento con tanta intensidad que me causa una mezcla de euforia y desesperación, quisiera detenerme y volver sobre mis pasos hacia ti... junto a ti, aún sabiendo que es este amor loco el que nos revuelve la vida, el que se rebela a las normas que queremos imponerle.
Sin embargo mi vida, cuando estoy junto a ti, con sólo mirarte, se desvanece cualquier imposible, cualquier obstáculo que me impida permanecer perenne.
Cuantas veces... tu boca... la mía... mil besos... mil caricias... un baile eterno de cuerpos desnudos y una suave música de fondo que suena a nuestro compás. Esas noches, a las que nunca les quisimos poner fin, en las que la luna, abusiva, le robaba horas al sol, receloso, que salía sin brillo para no despertarnos del sueño.
Hace tiempo que un oscuro ocaso acapara mis días, tanto, como hace que tú te has ido. Esta locura desorganizada e irracional de estar sin ti, acaba con mi única posibilidad de existir, aún tengo muchas cosas que decirte, otras tantas para darte e infinitamente amor que ofrecerte. Por eso, dejame vivir cerca de ti, como antes, cuando hacíamos de nuestros sueños, realidades.
Ahora, cariño, te envío mis sueños, que sé, que tú también sueñas.
Sueño, mi vida, con tus besos, cuantas veces nuestros labios se habrán buscado sin prisa, sin pausa...
Sueño, mi amor, con tus manos aferrándose a mi, con las mías acercándote hasta lo imposible...
Sueño con tus ojos que tantas cosas me han dicho en el más absoluto silencio, tu pelo, tu piel, tu voz que aún resuena en mi cabeza como la más bella melodía.
En este momento recupero la cordura, para despedirme de ti sin despedirme. No olvides, mi vida, que cada vez que tú respiras, yo respiro y que cada vez que duermo te cuelas es mis sueños.
Te espero.
Te amo.



A todos los que algún día no supieron que decir.
Esta carta participó en un concurso, bajo el lema "Cartas de Amor".

Dejadme Gritar

Dejadme gritar hasta que mi piel se calle, quiero levantar la voz para, así, darle un impulso a mi alma, que se eleve alto, donde nada pueda alcanzarla.
En esta manifestación de sueños y palabras que constantemente callan,
que se silencian para no herir, voy a apartar el velo, dejandolo todo al descubierto y salir para siempre de la cueva oscura que me atrapa.
Debajo de mi, el suelo tiembla, incontrolado como el aire que me revuelve el pelo, la lluvia encrespada azota mi cara, se desata la tormenta que tanto tiempo permaneció en calma.
Sin el más mínimo rastro de calor procedente de ninguna parte, me hielo. Terriblemente sobrecogida, porque ya no encuentro nada capaz de causar en mi, el más insignificante de los impactos... contra el hielo, todo se rompe, todo resbala, todo rehuye... todo se pierde. A la vez delicado... también como el hielo, que tiende a desaparecer, a fundirse... y una vez fundido... a evaporarse.
Por eso, ahora que recuperé mi voz, dejadme gritar,
que no en todo estoy de acuerdo,
que me hieres con sólo no mirarme,
que siento,
que aún conservo mi voluntad,
que sigo existiendo,
que soy yo y estoy, además de ti,
que, a veces, el coraje me desboca
que, otras, la fe me traiciona
y que, a la vez,
todas estas cosas me impiden callarme...
DEJADME GRITAR



A todas esas mujeres que eternamente callan y a los hombres que se silencian.