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©Sonia J.Tirado

Junto a mi

Blanco sobre blanco



Yo no sé ser sin ti,
es como situarme de espaldas a la vida
con una chaqueta metálica cosida a los hombros.
Soy, sin ti, una montaña lejana
que nadie se atrevió a ascender,
en estos tiempos que todo se profana.

Y siento el sigilo de tu despedida
aun partiéndome todos los huesos.
Los cuchillos de Lorca
destrozándome el cuero,
atravesando mi norte desde el sur.

Tengo miles de avispas escondidas entre mis costillas
todas, con el aguijón sin estrenar.
Son el grito silencioso que me guardo
de la boca hacia dentro
como todo lo que callo y no cuento.

Soy el títere sin cabeza,
el hueco vacío bajo la escalera.
Una puerta que se cierra y se abre por inercia
y que nadie atraviesa.
El pomo, tal vez, que se encasquilla y no gira.

Soy la herencia viva de un abandono,
las cenizas de un fuego irreconciliable con las llamas.
Mi propio verdugo.
También... el pianista en la habitación de los espejos
manteniendo un silencio imposible.

Yo no sé ser sin ti
más que el miedo hecho persona del rinoceronte frente a la espada,
nada más soy.
Soy arpón en el corazón de la ballena
avanzando a paso lento.

Soy sin ti...
un espacio blanco sobre fondo blanco,
blanco
... blanco
    ... blanco.



© Imagen: Obra pictórica "Blanco sobre Blanco" Kazemir Malévich


Vértices... ha echado a volar.

Según el diccionario de la R.A.E los Vértices son aquellos lugares en donde convergen dos rectas, las aristas de un poliedro o la cúspide de una pirámide, creo firmemente que los vértices de la vida distan mucho de todos esos eufemismos y son personas, lugares, momentos, canciones...
Vértices es mi segundo poemario que el día 25 puse en vuestras manos y en ellas lo dejo. Espero de corazón que sea caricia, alarma y arañazo.
Sabed que Eva Serrano, nuestra Nuke, le ha hecho una portada de ensueño, blanca, karma, verdad. Podéis visitar sus trabajos en El Rincón de Nuke. Nos traemos algo fuerte entre manos, sólo necesitamos tiempo, aire y música y que las musas nos sigan bailando bonito.
Gracias desde mi más profundo centro, amiga mía.
Luz Almagro ha hecho un prólogo-tatuaje. No gracias a ti, gracias a la vida por traerte cerca.
Yoli Rodríguez Menéndez ha hecho un dibujo en forma de Carta al Lector, una flor en una urna que sobrevive por el esmerado cuidado de la bestia. ¿Flor? o ¿bestia?. Gracias, canija.
Y Alberto Pizarro Gómez ha sellado la última página con un epílogo-letanía-poema. Trovador de corazón de sonrisa eterna. Mi buen amigo, gracias. Podéis visitar su blog-universo en Otros Telegramas
Rodrigo Gómez Pastor responsable de que suene tan bonito. Tres, dos, uno... te abrazo. Otra vez, gracias a la vida.
Y gracias a todos los que habéis esperado, a los que me camináis de cerca, a los que acabáis de encontrarme, a los que casi nunca venís, a los que lo hacéis cada día, a los que me hacéis silencio y lágrima, a los que me sonreís y a todos, en definitiva, a TODOS GRACIAS.

Podéis adquirirlo en  Vértices en Amazon. En la Papelería-Librería Elbo de Úbeda y Baeza, en la escuela de Álika Danza en Jaén y en Carrefour Jaén.

Que la vida os abrace.

Vértices... Mi ventana de infinitos.

El tiempo pasa, y las ilusiones que de niños nos hacían soñar bajan a la tierra para hacerse realidad. 
Corría un 1 de septiembre cuando Mil Pedazos Más hecho libro salía a calle, me acompañaban los de siempre y otros que se han ido quedando en las estaciones de la vida, GRACIAS a todos por acompañarme. 
Hoy os acerco mi ventana de infinitos, Vértices pronto caerá en vuestras manos, si así lo queréis, y yo podré sonreirle una vez más a la vida. Os hablaría de luz y oscuridad, de lo que significa vivir y estar vivo, os hablaría de madrugadas a la intemperie y de abrazos capaces de curarlo todo, sin embargo, me gustaría, si fuera posible, que cerréis los ojos un sólo instante e imaginéis. 


Imagina que llueve... 
   ... imagina que sale el sol... 
       ... imagina el mar... 





He pedido mis tres deseos y me han sido concedidos.

Esta vez no estoy sola.
Eva Serrano a quien pertenece la portada de este libro. GRACIAS por el sí rotundo, por haber hecho de mis Vértices, los tuyos, y por tanto que me regalas. Has creado la ventana de infinitos perfecta, la has hecho a medida y eso se nota. Sigue volando cada amanecer cerca del sol, no hay nada más gratificante que verte hacerlo y que tus musas bailen, siempre, allá donde quieran, libres.



Gracias a Luz Almagro quien firmara el prólogo de este libro, la vida teje, amiga mía y también hila, que no es lo mismo. Un Ave Fénix, quizá, con el alma de cartón que no teme a las tormentas. No hemos hecho más que comenzar a andar, que la vida y la poesía venga a nosotras. 
Gracias a Yolanda Rodríguez Menéndez, mi Yoli, quien firma la Carta al Lector, desde que te conozco no necesito espejos. Una radiografía perfecta. A tu pluma le faltan alas y le sobra la mordaza, espero verte nacer. 
A mi buen amigo Alberto quien firma la última página de este libro, mi trovador de alma, seguiremos acudiendo allí donde nos llamen con nuestra trova y nuestra amistad que no entiende tiempos ni distancias. A ti, Rosa Luján, gracias por no dejar nunca que los hilos se enreden. 
A Rodrigo Gómez Pastor por tu música, por tu Luz en la oscuridad, por tu magia, la tienes y sabes portarla. Caminante, no hay camino... GRACIAS.
Y a todos los que de una forma u otra estáis pendientes de mí, a mis amigos y mi familia, a mis 300... y a quienes no nombro y no por ello, olvido. 

Que empiece la cuenta regresiva. GRACIAS.



He escuchado hablar...

He escuchado hablar de amor... A aquellos que han amado toda una vida y a los que nunca han amado. 
A esos a los que el amor se les ha hecho viejo dentro del pecho y a los que lo han perdido sin la oportunidad de estrenarlo. 
He escuchado hablar de amor a borrachos de pasión cegados por la luz de breves instantes de intimidad furtiva, también a adolescentes de su amor primero.
A aquellos que hacen del amor una hermandad eterna, y creen.
He escuchado llamar al amor, serenidad, paz interior... piedad.
He escuchado hablar a los desconfiados, a los incrédulos y desengañados.
A aquellos que encontraron el amor demasiado tarde o demasiado pronto, todos creyeron encontrarlo a destiempo.
He escuchado a sanadores, eruditos y filósofos y no he entendido ni una sola palabra.
He oído a quienes no tienen hijos y a los que los sí tienen, y he asentido.
A esos que han amado una vida entera en secreto y a los que gritaron sin ser jamás escuchados.
He escuchado hablar de amor a los que juraron decir adiós en pos de la felicidad ajena, y no los creo.
He oído hablar de otras vidas y almas gemelas, de eternidad, y he escuchado atenta hablar de leyendas de hilos rojos, sí, sí creo.
Sin embargo, también he escuchado hablar del amor a aquellos a los que la vida se les ha caído de las manos, a los que reconstruyen con mimo su amor... propio.
A los que dijeron adiós a destiempo, a los que sintieron como se rompían sus costillas el día de la despedida.
Me quedo con aquellos que aman a pesar del dolor, del tiempo y las distancias, a los que aman siempre, siendo siempre todos los días de sus vidas.
Con los que aman a sus padres y hermanos. A sus amigos y por encima de todo, a sus hijos.
También con los que aman a los animales.
Trato de no escuchar, eso sí, a los que juran amor en vano, a los que se vanaglorian de ofrecer amor a manos llenas, a aquellos que juegan a amar pero que jamás les ha sido concedida la fortuna del amor. A los que aman hoy y olvidan mañana. A los que nunca perdonan y en definitiva, a los que no saben amar porque nunca entendieron qué era el amor.

© Sonia Jiménez Tirado 



© Ana Medina 


De huracanes e infinitos

Tenia licencia para quererte
para estrellarme en tu pecho
y hacerte primaveras.
Tenía la vida en azul fuerte
y el rojo latiéndome dentro de las costillas.
Tenía las manos vacías
y tú,
un arsenal de caricias que se te escurrían entre los dedos.
Yo tenía un hueco
y tú la pieza perfecta,
un roto para un descosido que dicen por ahí.
Tú traías fuego
y yo era todo mecha.
Tenías permiso para quererme,
y para irte quedando de la manera
en la que te vas yendo sin hacerse notar.
Tú traías un sueño a medias
y yo tenía mil finales perfectos.
Eras todo luz en un mundo de oscuridad.
Traías la fuerza de la gravedad a tus pies
suplicando piedad,
y el calor del sol que acaba con el invierno
al llegar el mes de abril
calentándote la vida.
Yo tenía un destino a medias
y un amor sin estrenar,
y tú, un corazón roto
todo astillas
imposible de curar.
Tenía "ojalás" adornándome la vida,
y tú un "para siempre" demasiado fácil
colgado a un "te quiero"
a mi suerte,
siempre con tan mala suerte.
Me dijiste "eres luz"
porque tú eras túnel.
"Quédate"
porque tú te irías.
Y "ríe"
porque sabías que tenía mares por crear.
Tenía todas las ganas
aunque no supiera de qué
y tú querías quedarte
hasta un segundo antes de irte.
Te llamabas como la salvación del mundo
y te hice mi credo,
y creí que después de ti
no habría un mañana
pero desperté,
recogí mi alma del suelo,
me coloqué como pude el pelo
y comencé a vivir
como si aquel huracán
no hubiera pasado por mi vida.

©Sonia Jiménez Tirado

©Juan Martínez Morenilla


En prosa nunca supe decir que te echaba de menos.

No pienses que me fui solo porque no me ves. Me quede resguardada de la distancia en una cueva en la que no cabe el olvido. A veces, no siempre, me asomo al destino por si decide responder, pero solo obtengo silencio y yo entiendo "camina".
Tengo un "para siempre" hecho cascotes a los pies de mi cama y un espejo roto con tu imagen grabada.   

Sueño porque no sé vivir,
y me hiero
porque no sé olvidarte.

Mi sangre solo sabe pronunciar tu nombre y mis manos frías recuerdan tiempos mejores. Me siguen asustando los puntos y seguidos y me aterran las esquinas tras las que no espera nadie.
No pienses que no estoy, solo porque no me ves.
Me quedé transitando tus medias verdades y haciendo girar universos sobre mi cabeza creyendo que podría sobrevivir a esta utopía infinita que cada dos por tres juega a hacerse realidad.
Ya sé que hay una ciudad imposible de vivir sin ti porque ella es tú y pasearla es morir sin remedio en una acera cualquiera a la que le han salido dientes. Valía la pena ver amanecer contigo aun sabiendo que te quedarías la luz del día y que hasta los girasoles, en un acto de rebeldía, darían la espalda al sol solo para mirarte un rato más. Ya sé que el calor de un volcán gritando su lava es un fuego a medias comparado a tu risa, tus penas y tus ruidos, tus condenas, tus musas desnudas robándome las ideas, tus latidos dejándome sin aliento y tus labios quemándome la piel sin excusas. Ya sé de tus ruinas hechas metralla arañándome la vida. 
Crees que me fui, sin saber que me mantengo en vela con la única intención de excusarte una vida entera, que lo más bonito de todo esto que es que te sigo construyendo un palacio dentro de mi pecho por si algún día decides volver y que me da igual que la tierra me trague, al fin y al cabo,  tú eres el único corazón de este mundo y aun bajando a los infiernos valdría la pena vivirte latiendo en primavera. 

No creas que me fui solo porque no me ves aunque de fondo se empiecen a escuchar sirenas.

©Sonia Jiménez Tirado






La única

La miro y ella,
voraz,
absorbe el impacto.
Cierro los ojos un segundo
y su mundo invade el mío
cubriéndome el cielo de un azul nuevo.
Me tambaleo,
a duras penas me sostengo
y caigo,
sobre una libertad adquirida
que solo vive en ella
y que se esparce
como una ola sobre la orilla.
Me mira
y por una vez alguien me ve
con el alma deshilachada
tal cual es,
me mantiene la mirada,
hercúlea,
y vence mis fronteras
sin levantar siquiera un dedo.
La miro
traspasando lo que es,
desde un vértice de inconsciencia
que la hace frágil,
de apariencia nigromántica
que revela todo lo que he sido
más allá de lo que existo.
Y cierro los ojos
y aún la veo y duermo,
y la sueño
surcándome
desde las entrañas hasta el cerebro.
curando mi memoria implícita
esa, devastada y en ruinas.
Me sana la vida
y entonces, despierto.

©Sonia Jiménez Tirado


©Ana Medina



Te recuerdo

Te recuerdo como una ilusión óptica
en la que uno no cree de antemano,
a medio camino entre la incredulidad y el desconcierto
de haberte reconocido víctima y asesino.
Eres la herida sin sutura
que ninguna sal podrá curar.
Has dejado decenas de ciudades convertidas en catacumbas
y un monolito en honor a tu amor
en la mitad de mi mundo
que ni siquiera tú podrás tumbar.
Y me muerdo la lengua
mucho antes de pensar siquiera
en espadas vestidas de palabras
que se atrevan a profanar tu nombre.
Eres el único sueño
del que nunca voy a despertar.
Sin embargo
en jaula de alambre
encierro a mi alma
para que jamás alce un vuelo suicida,
único posible,
si es cercano a ti.
Te recuerdo sin límites
con la libertad con que se vuelve al cuerpo
después de un viaje astral.
Existe un universo infinito de recuerdos
a los que volver mucho antes del amanecer.
Eres el pasado
que nunca supo hacerse presente,
mis demonios y a la vez
la salvación que esquiva
se esconde en alguna otra vida
que ni siquiera sé
si alcanzaré a vivir.
Te recuerdo
a mi imagen y semejanza
entre la realidad y la fantasía,
jamás existió amor más profundo
ni fe más ciega,
te recuerdo
al modo en que se recuerdan
las cosas que se imaginan pero que nunca existieron.
Eres la tristeza que siempre llevo conmigo
y la nostalgia que me revienta el cuerpo
cuando el sol corona el cielo
y yo, te recuerdo.

© Sonia Jiménez Tirado


El olvido

Ahora que ya no estás,
que es como si nunca hubieras existido,
te conviertes en espejismo
como un oasis de cariño en un desierto de afectos.

Ahora que duermo y despierto sin pensar en ti,
que no te sueño,
sé que mi inconsciencia te expulsó de lo intocable,
después de haberte grabado a fierro.

Ahora que ya no te recuerdo cada día,
que mi memoria marchita aquellos buenos momentos
bajo el yugo insoslayable del tiempo,
sé que tu amor era ralo y perecedero.

Ahora que me has deshabitado y ya no me dueles,
que tu ausencia es un motivo más de mi alegría,
entiendo que lo indefendible
acaba condenándose a sí mismo
.
Ahora que mi amor te desconoce y te llama al desengaño
sé que ya no eres y que solo fuiste,
como un pasado sin nombre
hijo bastardo del tiempo.

Ahora que ya lamí todas mis heridas
y reconozco más felicidad dentro que fuera,
sé que tenías que salir
para que ella pudiera entrar.

Ahora que entendí la Babilonia de tus sentires
sé dónde empieza lo cierto y donde el engaño
la trampa de perfecto
y la perdición de lo inalcanzable.

Ahora que desenterré a mis muertos
en busca del tiempo y me perdoné,
vivo sin rémora
y sin miedo a los espejos.

Ahora que te escucho
y oigo al ser humano y no al Dios
sé que te has condenado a ti mismo
en la torpeza de un credo absurdo y dañino.

Ahora que te olvidé
aunque jamás hubiera querido
ahora que te olvidé
sé lo que es el olvido.

© sJt
© Ana Medina


Perdóname...