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©Sonia Jiménez Tirado

Vuelvo

Vuelvo a ti,
porque tú eres el único lugar al que sé volver.
Vuelvo una y otra vez,
repetidamente,
convulsivamente.
Regreso con el alma encogida,
fuera del cuerpo,
como si quisiera adelantarme y llegar  antes.
Vuelvo hacia ti, contra ti, a ti.
Vengo buscando el único sentido de mi vida,
lo único que quedó en pie después de que me inmolaras los cimientos,
después de venirme abajo como uno de esos edificios
al que barrenan por los pies.
Yo soy uno de ellos
pero con menos cemento.
Vuelvo después del después,
sin antes,
sin memoria,
con el daño olvidado en alguna isla
en la que ya no naufrago.
Vuelvo de las sombras,
con mis medias luces
con la cordura esa que no tengo
y que me empujar a volver.
Vuelvo porque eres el único camino que sé andar
la única escapatoria,
mi única salvación,
he aprendido a morir aunque tú no lo sepas
y vuelvo.
Vuelvo del nunca jamás
del no,
del tal vez.
Vuelvo sin respirar
para no gastarme la vida,
porque un segundo más sin vivirte
es como asesinarme a sangre fría
y no lavarme las manos después.
Vuelvo porque el olvido me da miedo
y el silencio ya no me cabe en el cuerpo.
Vuelvo sin mi consentimiento
disparando a mi razón a bocajarro,
destripando el poco secreto que me queda
porque te amo a gritos...
... aunque jamás abra la boca.




sJt 2013

Echo de menos...

... el miedo a las tormentas porque con él se me fue tu abrazo.
Ya entendí las tormentas sin ruido y sin agua... y el otro miedo del que tú me hablabas.

A mi abuelo.

A veces, sólo a veces.

A veces me consiento inundarme el cuerpo de caricias, ironía de mi carne que aun a media vida te reclama.
A veces sucumbo sin remedio a la levedad de un recuerdo, huérfano de un presente y hasta de un pasado, fiel reflejo de una ausencia permanente.
A veces me retraigo y me sobrentiendo en una amalgama de palabras buscando, tal vez, el significado perdido de tantos silencios, excavando en un pozo de desagravios y perdones que me conducen sin misericordia a un abismo de inconsciencia.
A veces me infundo el valor para salir a la intemperie mientras llueve sin clemencia, mientras la luna se encierra en aquel desván del olvido al que acudiré cuando ya no me queden fuerzas y el desgaste de una vida vivida me venga a rendir cuentas.
A veces, sólo a veces,  me permito sobrevivir la memoria, rescatarla de un invierno de nieves para dejarla caer sobre la primavera de un abril intenso, dejando a un lado la voracidad del tiempo, ese que nos ha traído hasta aquí sin tregua.
A veces, voy y vengo, dando vueltas en una espiral sin fin que me reconduce una y mil veces a ti, como si fuera posible dominar al inmanejable destino, como si fuera posible morir hoy para resucitar mañana.
A veces... sólo a veces, recupero el aliento después de un cruce de miradas y vuelvo... a veces, vuelvo.

sJt