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©Sonia Jiménez Tirado

Rh Nostalgia +

Tú que llegas y me quiebras
como se rompe en otoño el débil tallo de una rosa.
Tú que serpenteas en mi vida
como una sábana blanca tendida al sol,
pálida,
como si te extraviaras
en el camino de tu mundo al mío.
Y que acostumbras a llenarme la boca de recuerdos
y los ojos de verdades,
como si lo tuvieras todo guardado,
bien amarrado con una cuerda de esparto
que roza en lo más sensible de mi memoria.
Tú que te asomas a mi alma
echando todo el cuerpo fuera,
dejando el mío desnudo y quieto
como carne tibia puesta a la intemperie,
como pedazos de vida tirados por todos sitios.
Recuerdos afilados como canto de navaja,
eso eres
cuando te viertes como cera hirviendo sobre mi cabeza.
Tú que vienes y te vas
dejando el rastro de mil perfumes,
impregnando de tu aroma mi vida,
inundándome como bandada de palomas elevando el vuelo.
Eres tú la que traes cada día un nombre distinto,
y te vas confundiéndote con el gris ceniza de tu ausencia,
traslúcida
y de frágil textura,
humo, al fin y al cabo.
Y me quedo sola en el profundo vacío que genera tu antes presencia
escuchando el primer graznido de la muerte
ese que me invita al sueño, a la espera.
Y cuando vuelves porque siempre vuelves,
yo sigo aquí
arrastrando esta manía de esperarte
a que quiebres cualquier esquina
y me encuentres,
a que desenredes esta madeja de incertidumbres
y al fin la luz,


y al fin... 

Tú.

©Sonia Jiménez Tirado

Sinónimos de quietud

Se me quedaron cortos los momentos
y largas las ganas,
supongo que te fuiste justo a tiempo.
Me quedé a medio camino entre quedarme para siempre
o irme solo un rato,
con la torpeza de querer irme,
quedándome.
Y me quedé ahí
con mi amor de contrabando
y la piel recién mudada,
quieta,
bajo la lluvia de un abril de pocas luces viendo como te escurrías calle abajo.
Me quedé como se quedan las cosas que uno guarda en la memoria,
quieta,
así como se quedan esas cosas sobre las que uno nunca vuelve. 
Se me quedaron quietas las ansias
el cuerpo deshabitado como muñeco de trapo.
Me quedé con la vida hueca y el corazón tiritando,
la despensa vacía y el alma deshilachada.. 
Me quedé tu frío y el mío para forzar un invierno eterno en el que poder conservarme,
quieta,
para seguir esperando verte volver la esquina que lleva a mi casa. 
Me quedé sobre una cama de esparto,
quieta,
soñando el movimiento de un amor infinito
mientras la vida se me arrugaba escondida el algún bolsillo. 
Me quedé quieta
así como la presa trata de ser invisible a los ojos del mundo,
sí quieta,
como la muerte prematura en el rostro de un niño.
Se me quedaron quietos los años y las ausencias.
Se me quedó quieta la vida
quieto...

el olvido.

© Sonia Jiménez Tirado





Inmune

Me encuentro en el ángulo exacto entre ayer y mañana, sin ninguna señal de hoy. He ido dejado rastro tras de mí hasta disolverme contra el asfalto, desgastándome como la goma de borrar sobre el papel.

Tengo una colmena despierta entre las costillas y un caimán comiéndome por los pies.

Te echo tanto de menos y tan a menudo que entre que pienso 
y recuerdo me cruzo conmigo misma por el camino.

He ido rompiendo todo cuando encontraba a mi paso, incluidos el verano y las promesas, traspasando el límite máximo de apnea que permite seguir con vida...
He construido un templo pagano sobre mis propias ruinas para seguir venerando una imagen intacta de lo que fuimos, cenizas.
Mantengo el sabor alcalino en la boca y el temblor en las manos del día que excavamos un mundo entre los dos, no imaginé que fuera posible desplazar montañas para mantener las distancias.
Nunca creí en las fronteras y aquí estoy, al otro lado, esperando a que el cielo acabe de partirse en dos.
Mientras te observo a lo lejos, inmune, como si este viento que saca las raíces fuera no fuera contigo,      
         como si esta tempestad de arena y sal
no hubiera venido a robarnos las ganas y la memoria.


© Sonia Jiménez Tirado






Ciclogénesis

... y yo que creí
                          ... que nunca llovería lo suficiente.





Preceptos. Parte II

No existe un momento adecuado para cada cosa,
el tiempo no aguarda por nada ni por nadie.

Sé elegante en tus despedidas.

Aprende a tensar el arco en la justa medida
y cuenta siempre diez veces diez antes de lanzar tu flecha.

No permitas que la ira haga colmena en tu alma.
Ten misericordia, pues perdonar te hace más fuerte.

Aprende a ser contorsionista en las decisiones
y trata de no herir a nadie,
pero ante todo, sé sincero.

Trabaja tu musculatura,
pues algún día la necesitarás para sostenerte de pie.

No camines por la vida con doble fondo
ni midas con doble rasero.

No trates de ser justo en base a tu propia justicia,
respeta la libertad de los otros
y nunca permitas que nadie limite la tuya. 
Recuerda que eres barro
y que por algún artificio mágico te ha sido otorgada la vida,
no la malgastes.

Sé digno y no conviertas a nadie en tu marioneta
pues no tarde tus cuerdas acabarán enredadas en sus dedos.

No subestimes a nadie por diminuto que parezca
piensa que basta una sola chispa para incendiar un bosque entero.

Sé franco y ante todo sé humano.

Renueva cada días las aguas de tus aljibes
y da beber a quien lo necesite.
No seas egoísta.

Ama sin medida... hasta que te quedes sin fuerzas.

Derrama tu sangre sobre tus promesas
y cumplelas aunque en ello te vaya la vida.

Cierra los ojos cuando beses,
abraza a tu mayores pues algún día lamentarás no haberlo hecho.

Vive a tus hijos cada segundo
debes saber que son como peces entre las manos,
no trates de sujetarlos.

Sé leal,
noble,
y repito, sé sincero...

 ... y vive de tal manera que al final de tus días
la única deuda que tengas con la vida
sea haberla vivido sin fronteras.
© Sonia Jiménez Tirado






Preceptos. Parte I

Te pienso abstracto, invisible apenas...

Aprende cuando hieren las balas de fogueo y las despedidas a destiempo en un tiempo que todo lo cura a medias, que permite olvidar... a medias.
Piensa en el destino que esperabas y en este mapa de quebrantos y postales sin remite que guardas en el cajón de la mesilla. No seas la música de un laúd destemplado en las manos de un niño.
Mantente sobrio y amarra bien el grito a la memoria, la voluntad a la querencia, la embriaguez al sueño.
Porta siempre un recuerdo y una imagen intacta de quien eres, hurga en las tripas de tus deseos y deja el pasado al plomo. Sostén con firmeza la brújula de la vida y sigue siempre a tu intuición, aun cuando el camino sea al norte y tu destino al sur.
Desvélate en la justa medida, acaricia a la noche y duerme de día de vez en cuando.
Sube los peldaños de uno en uno, y procura que tus huellas no dejen cicatriz.
Sé fiel a ti mismo e indiferente a los rumores.
No alimentes a las hienas de otros.
Ofrece flores y siembra sin esperar cosecha.
Camina siempre erguido y respeta a tu cuerpo, sana las heridas del alma y no escarbes en las rozaduras que te haga la vida.
Sé breve con quien no te vea y no te ofendas.
Sal al raso en las noches de verano y permite que la lluvia te cale.

Y por último aprende del vuelo de las aves, y sé libre.

© Sonia Jiménez Tirado 2017