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©Sonia Jiménez Tirado

Hay almas

Hay almas como precipicios, dicen,
que andan al rescate de cualquier malentendido,
que se asoman al engaño dulce con la boca llena de pájaros
y bordan en el infinito promesas imposibles
exquisitas, como pan de leche caliente.
Llegan con la salvación prendida del cuello,
distraídas, con el ánimo intacto y la sonrisa impecable.
Embriagan a la intuición con un trago de coñac
y a la sed con un puñado de sal.
Traen abrazos salvadores
y la experiencia de mil vidas en los labios.
Imprescindibles.
Besan fugaces encendidas en fiebre
te arden por dentro...
te abrasan... en una mentira mansa.
Son como océanos en calma
y el caos a la vez.
Son... cazadores furtivos de almas
criados a la intemperie.
Peligrosas como un revólver en las manos de un loco.
Entienden de redes y escamas
y descifran a la perfección el lenguaje de la piel.
Te van labrando la vida
hasta crecer en cada estancia de tu existencia,
se instalan,
brotan por todos sitios, como grama incontrolable.
Dicen poseer el secreto del equilibrio
incomprensibles
como un mapa dibujado en las costillas.
Te atrapan en una ilusión metálica
incierta y afilada...
Te elevan
y te sueltan...
Te sueltan en mitad de un presentimiento ciego.

Sin embargo crees que te salvan,
crees que te salvan.

Hay almas que son precipicios.
y crees que te salvan.

© Sonia Jiménez Tirado


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