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©Sonia Jiménez Tirado

Preceptos. Parte II

No existe un momento adecuado para cada cosa,
el tiempo no aguarda por nada ni por nadie.

Sé elegante en tus despedidas.

Aprende a tensar el arco en la justa medida
y cuenta siempre diez veces diez antes de lanzar tu flecha.

No permitas que la ira haga colmena en tu alma.
Ten misericordia, pues perdonar te hace más fuerte.

Aprende a ser contorsionista en las decisiones
y trata de no herir a nadie,
pero ante todo, sé sincero.

Trabaja tu musculatura,
pues algún día la necesitarás para sostenerte de pie.

No camines por la vida con doble fondo
ni midas con doble rasero.

No trates de ser justo en base a tu propia justicia,
respeta la libertad de los otros
y nunca permitas que nadie limite la tuya. 
Recuerda que eres barro
y que por algún artificio mágico te ha sido otorgada la vida,
no la malgastes.

Sé digno y no conviertas a nadie en tu marioneta
pues no tarde tus cuerdas acabarán enredadas en sus dedos.

No subestimes a nadie por diminuto que parezca
piensa que basta una sola chispa para incendiar un bosque entero.

Sé franco y ante todo sé humano.

Renueva cada días las aguas de tus aljibes
y da beber a quien lo necesite.
No seas egoísta.

Ama sin medida... hasta que te quedes sin fuerzas.

Derrama tu sangre sobre tus promesas
y cumplelas aunque en ello te vaya la vida.

Cierra los ojos cuando beses,
abraza a tu mayores pues algún día lamentarás no haberlo hecho.

Vive a tus hijos cada segundo
debes saber que son como peces entre las manos,
no trates de sujetarlos.

Sé leal,
noble,
y repito, sé sincero...

 ... y vive de tal manera que al final de tus días
la única deuda que tengas con la vida
sea haberla vivido sin fronteras.
© Sonia Jiménez Tirado